Nunca lo veremosEstaba sentada en un banco, al lado de dos compañeros a lo que apenas conocía. A uno le había visto en la fila, el primer día. Al otro no. Era un tópico, un tópico verdadero, que en estas ocasiones se crean lazos muy especiales, extraños, de hermandad. Frente a ellos un cámara y un chico joven que le ayudaba. Más atrás 3 personas, seguramente de producción, con cafés y carpetas de estas que sujetan los papeles por arriba, para escribir fácilmente. Desde donde estaba ella veía sus tablas de excel, aunque no podía leer nada.
Juan estaba dentro, después sería su turno. Juan era obeso. Seguro que ellos lo aprovecharían, sabían como hacerlo, era su trabajo, conseguirían que derramase alguna lágrima para crear empatía con el telespectador y, por tanto, fidelidad. La campaña de publicidad en la propia cadena les hacía llegar los espectadores, era su trabajo hacer que volviesen.
Salió Juan, llorando, con un cámara y su correspondiente ayudante detrás. Tras unos minutos, pocos que parecieron muchos, una chica con auriculares y la carpeta oficial abrió la puerta y la llamó.
Marta no quiso mirar a los compañeros ni a los cámaras. Esto la haría más débil, y no quería facilitar el trabajo a los de dentro. Cruzó las puertas y fue hasta su sitio, marcado con una cruz de cinta adhesiva en el suelo. En esta ocasión la sala le pareció más grande que nunca. El jurado estaba enfrente, como siempre, y dos cámaras no le quitaban la vista de encima. Una planos generales, la otra primeros. Agradeció que ya estuviesen gravando, en el aire, así no tendría que durar más de lo necesario. Entonces la jueza empezó a interpretar.
-Marta, primero te queremos felicitar por estar aquí, tienes que ver esto como un éxito. Tus interpretaciones nos has emocionado, y te mereces estar en la final, pero a estas alturas del concurso no nos podemos permitir errores, y tu hoy nos has fallado, no has dado todo lo que podías. –De un lado al otro. Era su juego y, aunque ella no lo hiciese especialmente bien, se le podía reconocer cierta práctica- Comprenderás que estos errores se pagan, así que puedes hacer la maleta, por que vamos a trabajar en el concurso para que no se repitan. Estás dentro.
“Contrólate, no llores, mira al suelo” pensó. Lo hizo, miró al suelo y respiró hondo, varías veces, para controlar los sentimientos. Tardó tan solo unos segundos en controlarse, lo había ensayado mucho. Levantó la mirada y vio que las cámaras ahora estaban más cerca. Una planos medios, la otra detalle. Era su turno, había valido la pena. Miró a la juez, que parecía buscar una lágrima en su cara, y dijo aquella frase que había esperado tanto tiempo, que había tardado tanto en pasar de idea a posibilidad, a realidad.
-Gracias, pero no me interesa.
Se giró y se fue caminando hacía la salida. Su paso era firme y alegre, era rápido, pero no tan rápido como para parecer que huía, que le daba miedo escuchar una respuesta. En su cara nació una sonrisa y, ahora sí, una lágrima que ninguna de las cámaras (ni la de planos medios, ni la de los planos detalle) pudo captar.